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Estados Unidos y China negocian los límites de su competencia tecnológica

El diálogo sobre inteligencia artificial abre una vía de cooperación entre rivales. Su alcance dependerá de que los compromisos se conviertan en mecanismos capaces de gestionar riesgos compartidos.

Publicado 1 de octubre de 2026Actualizado 1 de octubre de 2026Por Rete

Análisis con información revisada al 1 de octubre de 2026.

Estados Unidos y China han abierto una vía para cooperar sobre los riesgos de la inteligencia artificial mientras negocian qué intercambios económicos preservar y qué capacidades proteger. El acercamiento permite considerar una competencia más administrada, en la que restricciones y acuerdos convivan. Su alcance dependerá de decisiones verificables: la disposición de los dirigentes a conversar puede facilitar el proceso, pero los resultados deberán aparecer en el funcionamiento de los mecanismos anunciados.

La visita de Xi Jinping a Washington, del 23 al 25 de septiembre, dejó un compromiso específico. Los gobiernos anunciaron un diálogo bilateral sobre los riesgos y beneficios de la IA, otro intercambio previsto para noviembre y la creación de un canal para comunicar incidentes relacionados con esa tecnología. Los comunicados de la Casa Blanca, del 25 de septiembre, y de la parte china, del día siguiente, coinciden en esos tres elementos. Se trata del mismo acuerdo confirmado por sus participantes; ninguno de los textos demuestra todavía la operación del canal. El Ministerio de Comercio chino informó el 28 de septiembre que ya se había realizado un primer diálogo. Es un avance reportado por esa parte: permite distinguir conversaciones iniciadas de un canal cuyo funcionamiento sigue pendiente de verificación.

Esta apertura se inserta en una transformación más amplia de las interdependencias. En octubre de 2024, el Tesoro estadounidense aprobó una regulación, con entrada en vigor fijada para enero de 2025, que estableció prohibiciones y obligaciones de notificación para determinadas inversiones relacionadas con semiconductores, tecnologías cuánticas e IA en entidades cubiertas vinculadas con China. El documento del Tesoro muestra cómo el capital y los conocimientos asociados a la inversión pasaron a tratarse como cuestiones de seguridad. No implicaba prohibir toda inversión estadounidense en China. La explicación oficial de la transición de COINS, publicada en diciembre de 2025, conserva las obligaciones existentes hasta nuevas reglas. Además, un aviso presidencial de agosto de 2026 prolongó la emergencia que fundamenta ese instrumento. Son pruebas de continuidad institucional, no mediciones de sus efectos sobre los flujos.

En abril de 2025, China incorporó licencias de exportación para determinados artículos relacionados con tierras raras medias y pesadas. El anuncio del Ministerio de Comercio y la Administración General de Aduanas documenta otro instrumento de control sobre intercambios estratégicos. La trayectoria posterior incluyó una suspensión acotada de determinados anuncios en noviembre de 2025 y la aprobación de algunas licencias generales informada en diciembre. Ninguno de esos hitos demuestra eliminación universal de controles o entregas normalizadas. La prórroga del arreglo general hasta el 10 de enero de 2027, comunicada por MOFCOM en septiembre, exige comprobar por separado los actos que ejecutan cada medida.

La negociación comercial de septiembre permite observar la otra cara de esa selección. El representante comercial estadounidense informó el 27 de septiembre sobre recomendaciones para otorgar un trato más favorable a bienes considerados no sensibles. Las listas del marco denominado «30-for-30» corresponden a unos 30.000 millones de dólares de comercio en cada dirección, calculados sobre valores de 2024. Sus términos de referencia subordinan las futuras reducciones arancelarias a los procedimientos internos de cada país. El monto no representa nuevas compras ejecutadas ni un ahorro arancelario ya obtenido.

La lectura que propone este análisis es que la relación se reorganiza mediante distinciones: operaciones restringidas, intercambios negociables y ámbitos en los que ambos gobiernos podrían reconocer riesgos comunes. Esa diferenciación ayuda a explicar por qué un diálogo sobre IA puede coexistir con disputas tecnológicas. También exige examinar cada instrumento por separado: un acuerdo comercial sobre bienes no sensibles no demuestra apertura en tecnologías estratégicas.

Entre los especialistas hay distintas valoraciones de la oportunidad. Alvin Wang Graylin, en un análisis publicado por Asia Society el 29 de septiembre, considera que el diálogo, el calendario y el canal de incidentes constituyen avances. Propone profundizarlos con formatos comunes de notificación, definiciones compartidas de capacidades peligrosas y evaluaciones independientes de modelos. Son recomendaciones para una etapa siguiente, no medidas adoptadas en la cumbre.

En esa misma publicación, Neil Thomas examina la posibilidad de que el vínculo personal entre Donald Trump y Xi facilite cooperación técnica. Al mismo tiempo, subraya que los objetivos chinos de autonomía industrial y liderazgo tecnológico permanecen. Su lectura permite reconocer el valor de la interlocución presidencial sin suponer que modifica por sí sola los intereses de los dos Estados.

El contraste más prudente aparece en CSIS, el 28 de septiembre. Thomas Christensen identifica incentivos compartidos frente al riesgo de sistemas que escapen al control de sus desarrolladores, pero prevé divergencias que limitarían su efecto estabilizador sobre el conjunto de la relación. Aalok Mehta destaca la escasez de detalles operativos y reclama continuidad, voluntad política y mecanismos de verificación. Sus reservas cuestionan la profundidad de los resultados; no demuestran que la cooperación esté destinada a fracasar.

La distinción entre cooperar sobre seguridad y compartir capacidades resulta decisiva. Los compromisos anunciados no establecen una alianza tecnológica, un programa conjunto de investigación o una apertura general del acceso a chips. Un canal de incidentes podría contribuir a aclarar situaciones peligrosas, siempre que las partes acuerden qué comunicar, quién responde y cómo actuar. Su utilidad tendría que comprobarse en esas prácticas, y después en los resultados de su aplicación.

Para el pronóstico, la cooperación en IA introduce una variable condicional. El escenario de trabajo es una competencia administrada: continúan las disputas por capacidades y mercados, mientras se construyen mecanismos limitados para gestionar riesgos. La realización de reuniones, la identificación de responsables y la existencia de procedimientos verificables reforzarían esa trayectoria. El diálogo inicial reportado por China ofrece un apoyo acotado a esa trayectoria, todavía insuficiente para afirmar que el canal funciona o que los riesgos han disminuido.

Una evolución menos favorable combinaría desacuerdos persistentes con aplazamientos o suspensión documentada de los mecanismos. En ese caso se debilitaría la expectativa de cooperación operativa. La falta de información pública, sin embargo, no bastaría para declarar una ruptura: parte de la actividad podría no divulgarse, y cualquier evaluación debería conservar esa incertidumbre.

Una cooperación más profunda requeriría continuidad y compromisos adicionales efectivamente adoptados. Protocolos compatibles o procedimientos acordados de evaluación podrían hacer más estable la gestión de riesgos, aun bajo competencia comercial. Este escenario retoma posibilidades planteadas por los expertos; no presupone su aceptación ni permite trasladar automáticamente sus efectos a los controles tecnológicos, Taiwán o la postura militar.

El intercambio previsto para noviembre ofrece un primer punto de comprobación. Habrá que observar si se realiza, qué resultados publica y si aparecen pruebas de funcionamiento del canal de incidentes. A más largo plazo, importará su continuidad más allá de las reuniones presidenciales. La hipótesis de cooperación selectiva ganará fuerza cuando existan procedimientos que ambos gobiernos utilicen y respeten; la de una transformación más amplia necesitará, además, evidencia propia sobre las restricciones, los suministros y los intercambios que estructuran su competencia.

Cuatro procesos para seguir la evolución

La hipótesis general se examina en cuatro análisis autónomos. Cada uno separa el instrumento anunciado, su aplicación y los resultados que permitirían revisar el pronóstico:

La cooperación en IA permanece como parámetro cualitativo del expediente rector. Los avances de una rama no se trasladan automáticamente a las otras: un canal operativo, una medida comercial aplicada, una inversión ejecutada y una entrega de minerales son comprobaciones distintas.

Fuentes