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Capital y tecnologías sensibles: los límites de la apertura entre Estados Unidos y China

La negociación de oportunidades de inversión convive con controles estadounidenses y una transición normativa que debe seguirse por separado.

Publicado 1 de octubre de 2026Actualizado 1 de octubre de 2026Por Rete

Información revisada al 1 de octubre de 2026.

La inversión internacional transporta dinero, pero también conocimientos, contactos comerciales y capacidad de organización. Ese conjunto explica por qué Washington ha incorporado determinadas operaciones vinculadas con tecnologías sensibles a su política de seguridad. La negociación con Beijing deberá administrar una tensión: buscar oportunidades económicas mientras conserva controles sobre capacidades consideradas estratégicas.

El punto de partida documentado es la regulación anunciada por el Tesoro estadounidense el 28 de octubre de 2024, con entrada en vigor el 2 de enero de 2025. Estableció prohibiciones y obligaciones de notificación para ciertas inversiones relacionadas con semiconductores, tecnologías cuánticas e inteligencia artificial vinculadas con países de preocupación, en este caso China, Hong Kong y Macao. Su alcance depende de las operaciones y actividades cubiertas: no equivale a una prohibición de toda inversión estadounidense en China.

Una transición que requiere seguimiento propio

La ley COINS, promulgada el 18 de diciembre de 2025, añadió una etapa normativa. Las preguntas frecuentes del Tesoro, actualizadas el 23 de diciembre, explicaron que la ley ordena desarrollar regulaciones dentro de 450 días y que las reglas existentes continuarían hasta su sustitución mediante la reglamentación correspondiente. Ese documento describe la transición; no permite reconstruir por sí solo todas las decisiones posteriores.

En un discurso del 22 de abril de 2026, Chris Pilkerton presentó prioridades del Tesoro sobre COINS. La intervención muestra atención administrativa al desarrollo del régimen, pero no debe confundirse con una nueva norma ni con una sanción. Tampoco corresponde equiparar automáticamente este programa de inversión saliente con el examen de inversión entrante que realiza CFIUS.

Existe además una señal legal reciente de continuidad. El aviso firmado el 3 de agosto y publicado el 5 de agosto de 2026 prorrogó por un año, más allá del 9 de agosto, la emergencia declarada en la orden ejecutiva 14105. Mantiene el fundamento de seguridad de esa política; no constituye una prohibición general nueva ni demuestra que la reglamentación de COINS esté completada.

Frente a esa continuidad, el Ministerio de Comercio chino describió el 28 de septiembre un mecanismo bilateral para examinar oportunidades y obstáculos a la inversión, sujeto a las respectivas leyes y regulaciones. El compromiso abre una instancia de negociación; no elimina las restricciones estadounidenses.

Para los inversores, la cuestión será identificar operaciones permitidas, costos de cumplimiento y estabilidad de las decisiones. Para los gobiernos, el problema consiste en delimitar qué beneficios económicos aceptar y qué transferencias considerar riesgosas. Una apertura en un sector o modalidad podría coexistir con mayores restricciones en otro. Por eso, el volumen total de inversión sería un indicador insuficiente sin conocer su composición.

Scott Shaw, en Asia Society el 29 de septiembre, considera más difícil la tarea del mecanismo de inversión que la del comercial. La instancia política deja pendientes obstáculos específicos de las operaciones.

Armand Meyer, Thilo Hanemann, Ian Hutchinson y Danielle Goh ofrecieron una lectura estructuralmente cauta en Rhodium Group el 30 de abril: un acuerdo comercial no bastaría para producir una recuperación fuerte de la inversión directa china en Estados Unidos, dada la desconfianza y otras restricciones económicas. Analizaron el flujo en dirección contraria al programa estadounidense de inversión saliente y antes de los acuerdos de septiembre. Su diagnóstico ayuda a cuestionar expectativas de normalización general, pero no mide el efecto específico de esos controles.

La hipótesis de trabajo es una apertura selectiva y desigual, con negociaciones que preservan barreras en actividades sensibles. La reforzarían decisiones verificables sobre oportunidades permitidas junto con continuidad explícita de las restricciones. Una liberalización más amplia necesitaría cambios normativos y operaciones ejecutadas; anuncios empresariales o contactos diplomáticos serían evidencia preliminar.

La trayectoria restrictiva cobraría fuerza si nuevas reglas amplían la cobertura, aumentan obstáculos o reducen oportunidades efectivas. En sentido contrario, una delimitación más estrecha de los controles y una recuperación sostenida de operaciones comparables debilitarían ese pronóstico. Las próximas pruebas serán los instrumentos de implementación de COINS, las decisiones del mecanismo bilateral y los datos que distingan proyectos anunciados, suspendidos y realizados.

Este proceso integra el análisis Estados Unidos y China negocian los límites de su competencia tecnológica.

Fuentes